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-Si, si... voy a estar en casa este fin de semana......Bien de acuerdo. Nos encantará que vengas a cenar el sábado- Dijo mirándome con ojos de irremediable sorpresa al encontrarse con mi ceño escrutador...¿Quién se apuntaba a esa velada intima el único sábado que tenia libre desde hacia dos meses????
- Lo siento cariño, dijo Martín después de colgar el teléfono y de haberse despedido con risas y carcajadas - No le puedo hacer ese desplante. Te gustará, es un tipo excepcional! Va a estar solo una semana en Barcelona ...y he pensado que seria una buena ocasión para charlar. Tiene mucha ilusión por verme, hace una infinidad que no coincidimos y a mí también me apetece mucho. Seguro que te encantará. Anda no te enfades...hazlo por mi!!! -Smuacksss...Smuacksss....besos, besos...! ¿Que decir? ¿Cómo no darle ese gusto?
-¡Pero es que hace dos meses que no coincidimos un sábado por la noche...y tenia otros planes!
Mis reproches se veían ahogados por sus besos y la verdad es que se me fue pasando. Verle tan contento me alegró y pensé que si él tenia tantas ganas era porque, su amigo, debía ser realmente un tipo interesante.
- No me has hablado nunca de él ¿De qué os conocéis? Dije ya cambiando mi expresión, arrastrando aun una mueca de resignación, más por hacerme la dura que por otra cosa.
-Fuimos compañeros de piso durante año y medio...Se llama Juan...Vaya, vaya...Juancho...jaja
Su boca dibujaba amplias sonrisas al evocar los recuerdos de aquella época en la que se adivinaban muchas juergas y poca seriedad... Me abrazó feliz, de mi cada vez más abierta aceptación, y automáticamente empecé a sentir autentica curiosidad por conocerle.

La primera impresión al presentármelo fue la de un hombre serio, sereno, muy amable y complaciente. Yo sabia por Martín que juntos se habían corrido muchas juergas y que tras esa apariencia tan formal se escondía un digno compañero de farras. Sus ojos me miraron sin fijación, distraídamente, pero me atravesaron.
-¡Cariño! ¡Este es Juan!- Nos estampamos dos sonoros besos en la mejilla, y como buena anfitriona le dí la bienvenida con la mejor de mis sonrisas aceptando, encantada, sus halagos.
Les dejé en el salón tomando un aperitivo y me fui a la cocina a ultimar los detalles de aquella cena. Martín me había ayudado a elegir el menú poniendo un especial interés en ello, se le notaba a la legua que le hacia mucha ilusión esa inesperada visita.
Les oía de lejos, soltaban risas y tacos, luego bajaban la voz para volver a subirla y acabar con otra carcajada. Aun sabiendo que les iba a interrumpir, fui a tomar una copa con ellos antes de servir la mesa. A los dos les brillaban los ojos y la cara. Se les veía tan contentos!.

La cena fue divertida y excitante, no por la comida en si, sino por la conversación. Hablaban y hablaban demostrando que la profunda complicidad que había entre los dos no había desaparecido. Jamás con ninguna de mis amigas la había siquiera rozado ni en los tiempos del instituto!. Hablaban de las aventuras que compartieron en ese piso...el desfile de novias que pasaron por allí y de cómo se las intercambiaban uno a otro...Aun ahora a sus 40 y pico eran los dos muy atractivos, no me cabía la menor duda de que en su juventud causaron verdaderos estragos...
No me excluían de la conversación, muy al contrario, era como si todas esas historias las contaran para mí, a dúo. Empecé a ver a Juan con ojos distintos, aquella mirada enigmática empezaba a tomar forma trasluciendo esa faceta misteriosa que iba descubriendo entre plato y plato. Además Martín de alguna forma le obligaba con sus notas de atención...
-¿Has visto que buena cocinera es? ¡Y no te cuento mas...!!! -Ponía especial picardía en la entonación.
Juan, me miraba sonriente. Su mirada me decía en cada destello "Me gustas", sabia que yo me daba cuenta, aun así no dejó de hacerlo. La conversación fue tomando un aire cada vez más picante y más provocativo. Me sentía confortable y protegida, ya que Martín estaba a mi lado. Y se suponía que le responsabilizaba por mi.
Me levanté a por el café una vez concluido el postre. Fue un postre muy exitoso, por cierto, hecho a base de mousse de chocolate, al que Martín buscó especial sabor imaginado comerlo en algún cuenco intimo de mi cuerpo. Juan asentía y mostraba entusiasmo a las traviesas sugerencias. Cuando volví con la bandeja callaron sospechosamente. ¿A saber que estarían tramando?.

Nos acomodamos en el sofá. Martín puso música y se sentó junto a mí. Juan lo hizo en el sillón de al lado. Martín me acercó a él y me abrazó en una actitud muy cariñosa. Juan nos contó de su vida, de su familia...Martín me iba besando. Sus objetivos prioritarios eran: mi cuello, mi mejilla. Me acariciaba la cadera, los muslos...Me sentí incomoda con esa actitud excesivamente mimosa. Le miré interrogante como diciéndole ¿Qué haces?..Él me susurró al oído ? Le encanta mirar, no te preocupes.
¿Cómo?...¿Pero que ocurre aquí? Miré a Juan y este me devolvió un guiño de complicidad. Juro que me puse muy nerviosa.
Martín sintió mi intranquilidad, me beso de nuevo y me susurró...Te quiero...no pasa nada, relájate.
Intenté hacerle caso, ¡Que tonta! ¿Cómo podía sentirme inquieta en sus brazos? Sus caricias se contuvieron, por lo menos unos instantes y no pasaron de eso. Pero las palabras, la conversación, los chistes graciosísimos que nos contó, tomaron unos derroteros mucho más subidos de tono.
Al principio me corté, pero poco a poco fui tomando confianza y me sumé activamente a la tórrida charla en la que yo, sin apenas darme cuenta, estaba siendo la protagonista. Saboreaba el placer de sentirme en ese papel de diva adorada por los dos. Me relajé, ya lo creo! Martín volvió a la carga con sus toqueteos, esta vez me dejé, no solo eso, sino que me apetecían y me excitaban. Miraba de soslayo a Juan que no perdía detalle del recorrido que hacía la mano de Martín por mi cuerpo. Me gustaba la exhibición y el morbo que me comportaba...
Martín me llevó de la mano al centro del salón, me abrazó para bailar, sus manos no descansaban. Definían con sus trazos mi silueta, apretándome contra su vientre, empotrándome sobre su palpable erección, besándome cuello, hombros.... Algo en mi me impulsaba a seguir el apasionado juego...pero cierto pudor me detenía.
-¿Martín, por favor? No ves que nos vamos a excitar todos mucho?
- Shsssss...calla. Disfruta de esta exhibición. Me respondió susurrando. La verdad es que no entendía nada, aunque el morbo instalado en mí, descontrolaba mi sensatez y me hacía disfrutar como nunca de esa sensación.
Su voz cálida y susurrante se pegó a mi oído y me dijo
-Estamos los dos locos por hacerte el amor....
¿¿¿Estaba oyendo bien???
-Piensa en dos hombres para ti, los dos dispuestos a hacerte gozar...
Mi cabeza se aceleró, no daba crédito a lo que oía, Martín me proponía un trío!

Me disculpé y fui un momento al baño a...no se...creo que a huir de aquello, a relajarme a solas, a ordenar mis alborotados instintos. Me senté en la taza para aliviar la vejiga que se había llenado de vino y muchos nervios, y observé la perplejidad de mis ojos en el espejo que estaba justo en frente. Cogí un trozo de papel y al secar mi sexo encendido noté como se empapaba de la humedad que las caricias y el morbo habían producido. El paso de mis dedos rozó una vulva inflamada y húmeda. La sentía deseosa . Mi mecanismo se había puesto en marcha. Mis ojos centellearon al sentir esa sensación, los dientes mordieron mis labios, y mi piel gritaba que deseaba ser acariciada. Una voz me decía hazlo… dos hombres para ti... los dos deseándote... Martín te lo ofrece, acéptalo y disfruta.
Abrí el grifo del bidé que estaba al lado y cambié de asiento. Me sequé con cuidado, compuse mi ropa.. .me miré lascivamente en el espejo dosificándome dos gotas de perfume y salí dispuesta y valiente.


Martín, con más derecho de momento sobre mí, acarició con su mano mi sexo, y me dio de nuevo la vuelta. Buscando más contacto metió un dedo dentro de las braguitas, mientras detrás de mi notaba más claramente el pene de Juan, rozándome. Sus besos en la nuca...sus manos atrapando mis pechos, metiéndose dentro del sujetador...DIOSSSSSSS........QUE LOCURA!!!!!
Me entraron ganas de gritar, no soportaba tanto morbo...tanta pasión. Con dedos temblorosos desabroché la camisa de Martín, era el que estaba frente a mi, le desabroche el cinturón y el pantalón, metí la mano dentro de su bóxer, y toqué su duro pene mojado de deseo. La ropa molestaba!. Pronto noté como Juan se había desecho de pantalones y cualquier otra ropa que llevara. Entre mis muslos se coló un pene desconocido. Ese contacto me puso muy, muy ansiosa. No entendía como podía verme en esa situación y sentirme tan decidida!.
Estaba muy mojada, y el pene de Juan se deslizaba fácilmente por la hendidura de mi sexo. Martín me besaba los pechos, me miraba complacido...muy excitado. Me estaba ofreciendo a su amigo, generosamente. Pero era un regalo para mi, ellos no pretendían su placer, sino el mío. Era su musa, era su Diosa...Martín retiró la braguita y el pene de Juan se metió lentamente en mi vagina agarrándome fuertemente de las caderas. Levanté los brazos en busca de hombre que me atravesaba, noté el tacto de una nuca distinta, de un pelo más fuerte, más corto y me mojé los dedos con gotas de su sudor como testimonio de la pasión que el sentía.
Los dedos juguetones de Martín buscaron mi clítoris y mis gemidos. No sabía como moverme para no perder ninguna sensación, si buscar el placer que me ofrecía Martín, o contribuir a los desesperantes envites de Juan, solo deseaba que aquello no acabara nunca.
"Ven castígame con tus deseos más..." Esa voz seguía machacando mis neuronas, y mi cuerpo se deshacía en contracciones. El sudor frío de la ola del orgasmo me cubrió inesperadamente colgada de su cuello.

Eran veinte dedos los que me tocaban, dos lenguas las que me lamían y besaban, dos penes los que me querían penetrar. Y la pasión y el deseo de dos hombres satisfaciendo mi desconocida sed de sexo...
Sé que hasta llegar a la cama pasé por el sofá...la mesa...Siempre trasportada, siempre suspendida de algunos brazos. Pronto éramos tres cuerpos deseosos, tres cuerpos "Puro sexo".
Una voracidad desconocida en mi se veía compensada por mis dos amantes.
Me sentía penetrada todo el tiempo, sin saber casi que pene era el que lo hacía. Mientras sus lenguas y dedos se compaginaban para cubrir mi cuerpo de placer.
Mi boca ansiosa los poseyó indistintamente... "Que mi boca me sabe a tu cuerpo, desesperan mis ganas por ti.."
Esa desesperación, al galope en mi agitadísimo cuerpo, me hacía saltar como poseída por algún ente extraño que me volvía loca de placer...No sabía de donde salía aquella energía, ese aguante... En esos momentos eran posibles todos los impensables, un gesto llevaba a otro que me excitaba más aun. Eran como explosiones de lujuria, como si dentro de mi estuvieran estallando palomitas de maíz, y mi cuerpo se fuera llenando y llenando. Y siguieran estallando y apretándose para salir rebosando por los poros de mi piel, y esos estallidos no se detuvieran y fueran inundándolo todo a mi alrededor, y mas, y mas...

No hace falta decir que acabé exhausta y agotada...Al día siguiente recuerdo las agujetas que me molieron el cuerpo. Al moverme me recordaban que aquella desmesurada pasión no había sido un sueño, y que la mujer desconocida que la protagonizó, esa mujer que brilló en medio de ese crepitar de pasión y fuego, convivía en mi sin que yo lo hubiera sabido hasta esa noche.

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